Propuesta de sistema educativo
Hoy por hoy, la mayoría de los críos no son más que una puta panda de niñatos egoístas, mimados y maleducados que no tienen ni puta idea de nada. Esto, podemos agradecérselo a los politicuchos que han instaurado sucesivos destrozos del sistema educativo, para anular a los que brillen y medianizar a los mediocres, todo para evitar el tan temido fracaso escolar. El método consiste en convertir a todos los alumnos en fracasados y analfabetos, así no hay problemas ni complejos.
Parte de la culpa (buena parte, de hecho) la tienen los padres, que además de vestirlas como putas (nada que objetar aquí), tienden a pensar que la educación ya se la dan el colegio y en casa con mimarles y darles todos los caprichitos es más que suficiente. Y por supuesto, jamás tocarles, pues con la ley en la mano pueden perder la custodia (¿¿esto es malo??) o ir a la carcel. Jamás tocarles, insisto, a pesar de que algún niñato merecería, no cachetes, sino hostias con la mano abierta hasta en el blanco de los ojos. Y en el colegio tampoco les pueden decir nada, que tienen a los profesores acojonados no vaya a ser que a la mínima les metan un paquete por darle una colleja al subnormal de Paquito, pillado dibujando con una navaja sobre su pupitre a la mujer del maestro chupando una polla gigante.
Y ahí están los resultados. Nuestros monstruoniños salen entre los peor educados en todas las escalas de educación que comparan países. Pero es que no hace falta que nadie haga escalas, sólo hay que ver algunos foros de internet, por ejemplo:
Las faltas de ortografía son horripilantes, casi ninguno es capaz de enhebrar más de una frase seguida, en su mayoría sólo dicen gilipolleces, sus opiniones en casi todo son absolutamente predecibles y borreguiles. Vamos, lo que son los adolescentes de hoy en día.
Yo propongo la solución, que no es nada nuevo ni creado por mi, sino que es algo que funcionó bastante bien durante unos 800 años. Se trata del Agogé o Educación Espartana (fuente parcialmente: Wikipedia, este artículo tendrá por lo tanto la licencia obligatoria que sea y blablablablabla)
Del nacimiento hasta los siete años el niño estaba con la familia, pero en esta no se le mimaba, se le criaba sin pañales, se les prohibían toda clase de melindres, caprichos o rabietas y debía acostumbrarse a estar sólo y a no temer la oscuridad.
A los siete años abandonaba la familia y quedaba bajo la autoridad total de un maestro. Se integraban en una especie de unidad militar infantil bajo el mando de un muchacho mayor de diecinueve años. Aprendían a leer y a escribir y a cantar cantos de marcha. Se les endurecía mediante atletismo y lucha, aprendían a manejar las armas, a marchar en formación y por encima de todo a obedecer ciegamente a sus superiores y buscar siempre el bien de la ciudad. Los niños llevan el pelo rapado hasta los quince años, hasta los doce años sólo se les permite un manto de lana al año como vestimenta y van descalzos. La comida se reduce al mínimo imprescindible lo que les obligaba a robar para evitar el hambre o por orden de su maestro. Si se les pillaba se les castigaba durísimamente, no por robar sino por dejar que se les pillase. Duermen en un lecho de cañas que debían cortarse ellos mismos sin herramientas. Tenían educación retórica (como puede verse en estre blog), orientada a la máxima economía expresiva (eso no se puede ver tanto aquí, no) hasta el punto de hacer proverbial la concisión espartana al hablar. Se esperaba del joven que llegara a expresar sus ideas con solidez, pero de forma breve y mordaz, al tiempo que con gracia. Vamos, casi igual que nuestros políticos.
Cualquier ciudadano o compañero de más edad puede reñir a los niños o sancionarlos con castigos físicos: hacerles pasar hambre, morderles el pulgar, azotarlos, etc. Para entrenar el físico, aparte de los castigos y prácticas comentadas con anterioridad, lo más frecuente era apalearlos. El apaleamiento consistía en ser atados a un árbol y castigados con una vara de bambú. Si caían al suelo por agotamiento o dolor, otros dos compañeros se encargaran de levantarlo para que siguiera recibiendo hostias.
La finalidad de este ejercicio era, para el que apaleaban, aprender a aguantar y soportar mejor el dolor. Para los que golpeaban, era no detenerse ni vacilar en el ataque aún cuando se sentía el terrible dolor que estaba sufriendo el enemigo. Y en tercer y último lugar, los que sujetaban, la finalidad era que aunque viesen sufrir o incluso morir a sus compañeros en combate no vacilasen y continuasen con la misión que les había sido encomendada por sus superiores. No se le retiraba hasta que tenía el cuerpo demacrado, pero no se le curaban las heridas.